RAPHAEL: AUTENTICIDAD, PASIÓN Y MARCA PERSONAL

Después de varios años sin verle en directo, hace unos días volví al Teatro Compact de Gran Vía (Madrid) para reencontrarme con Raphael. Como siempre, las entradas estaban agotadas desde hace días y el teatro lucía engalanado con los carteles del “niño de Linares” que presentaba su espectáculo “De amor y Desamor”.


Delgado, sonriente y vestido de riguroso negro, Raphael tenía encandilado a un público de lo más variopinto que abarcaba desde señoras de más de medio siglo que le gritaban “estás más guapo que cuando tenías 40 años” hasta hipsters veinteañeros que bailaban enloquecidos al son de “Escándalo”. Y al reparar en ello, y verle a él en el escenario apasionándose por cada frase sólo podía pensar “él es el ejemplo de un éxito bien gestionado”.


Desde que empecé a escribir el capítulo “Claves de la Inteligencia Emocional para sobrevivir al éxito” para un libro de Psicología que coordina la Universidad de Murcia, no dejo de analizar a cada artista que se me pone a tiro. Y esta semana, tuve la oportunidad de ver en directo a dos grandes maestros del panorama musical. El martes, Joaquín Sabina y poco menos de 24horas después, Raphael. Tan diferentes y a la vez tan genuinos y únicos. Cada uno con su marca personal definida e inconfundible.


Más allá de sus ya más que reconocidas cualidades artísticas, Sabina encandiló por su entrega y su capacidad de superación (tras el ataque de pánico del concierto anterior) y Raphael por su energía y fortaleza física y mental.


La Industria de la Música, como ya he comentado en algún que otro post, es complicada porque obliga a convivir dos mundos totalmente antagónicos: el arte con el negocio más exacerbado. Y en medio de ellos está el artista que recibe las embestidas de estos polos opuestos que nunca dejan de colisionar. ¿Cómo convivir con ello y no morir en el intento? Realmente, son pocos los que consiguen gestionar exitosamente este choque. Sin embargo, Sabina y Raphael mostraron que sí se puede.


Con Raphael juego con cierta ventaja ya que tuve la oportunidad de trabajar con él en alguna ocasión mientras estaba en RLM. Y si algo sorprendía a todos los que trabajábamos con él, era su entusiasmo y su ilusión casi infantil por cada proyecto en el que se involucraba. Trabajaba como el que más y cada detalle era importante porque cada piedrecita iba construyendo el camino.


Cuando hablo de Marca Personal en mis talleres pienso en él. Cuando hablo de Inteligencia Emocional en la Música también pienso en él. Raphael ha sabido como nadie conocerse a sí mismo y sacar partido a su talento y a su valor diferencial. Y además, lo ha comunicado con eficacia. Y no sólo a través de los medios tradicionales (medios de comunicación, presentaciones de disco…) sino también haciendo uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Por ello, su huella ha calado en el público de todas las edades.


Y además de crear su propia marca, Raphael ha sido capaz de ser feliz en una Industria donde esto no es una prioridad. Desde mi punto de vista, su capacidad para emocionarse como el primer día, convertir los obstáculos en oportunidades y rodearse de gente que le cuida y se preocupa por él es la raíz de su éxito. Y es que el propio Raphael así lo dice en alguna de sus canciones: “yo sigo siendo aquel que vuelve a equivocarse y vuelve a levantarse (…)”.


Tras una semana de grandes conciertos y de escritura apresurada en mi artículo pendiente, intuyo que este tema aunque hable de música es extrapolable a todos los ámbitos de la vida. Así que por qué no, seguir a Raphael y apostar por la diferencia, por crear nuestro propio camino y por recordar que tal vez, la felicidad esté en ese difícil equilibrio entre el corazón y la razón. ¡Vamos a por ello!

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